ENURESIS

Hacerse pipí sin culpa
Situaciones de angustia y miedo pueden llevar a los niños a perder el control de sus esfínteres

Alrededor de los tres años de edad la mayoría de los niños sanos deben controlar completamente sus esfínteres, de día y de noche. En ocasiones ocurre que después de este tiempo, algunos niños comienzan a mojar sus camas o a orinarse encima durante el día. Este síntoma lleva el nombre de enuresis.

La enuresis puede tener varias causas, una orgánica, causada por alguna enfermedad del riñón o la vejiga, o algún retraso en el sistema nervioso del niño. Cuando la causa es orgánica o fisiológica se trata se aplica tratamiento médico farmacológico.

Sin embargo, la causa más común suele ser psicológica. La psicóloga Franca Trezza explica que “se puede tratar de una condición orgánica en el niño, cuando nunca ha controlado esfínteres y debe ser atendido por el pediatra, pero la causa es psicológica cuando el niño que ya controla esfínteres empieza a orinarse en la cama, es cuando ya entramos en este territorio, definitivamente está vinculado con aspectos emocionales que el niño no sabe resolver”.

La enuresis se presenta ante ciertas circunstancias vitales de los niños, como al nacer un hermanito, o cuando comienza el preescolar. “Frecuentemente la causa está dentro de un hogar disfuncional, es decir que mamá y papá pelean mucho, o el papá es muy agresivo y es un hogar con muchas tensiones. Entonces es bueno revisar qué es lo que pasa alrededor del niño, porque la causa no es siempre la misma”, destaca.

Cargado
Trezza indica que la enuresis es una manera que el niño tiene de decir que se siente sobrecargado, “y si observamos bien el síntoma, se trata de una especie de descarga. Normalmente en la noche procesamos todo lo que nos pasó en el día, hasta puedes ver niños que hablan dormidos, porque están repasando lo que vivieron en su día, por eso es que estos episodios están relacionados con el sueño y el inconciente”.

De este modo, el orinarse es una manera que tiene el niño para descargar situaciones que durante el día le generan mucha ansiedad, “y mientras no logre resolver esa situación interna, no va a resolver su problema de enuresis”

“Los problemas que pueden causar estrés en los niños son situaciones que les asustan, se sienten abrumados y no saben cómo manifestarlo ni manejarlo. La labor de los padres y los maestros es descubrir lo que le está causando esa angustia al niño para poder aplicar las herramientas”.

Aislamiento
A pesar de que es en la noche cuando más ocurre, esto se puede presentar en el día en las horas del preescolar o durante una piñata y hasta puede ocurrir que se haga pupú, lo cual se conoce como encopresis y tiene que ver con una fuerte angustia que no deja que el niño tenga tiempo de llegar al baño.

“A veces se puede presentar hasta en la adolescencia, una etapa muy difícil en la que se pierden las caracterísiticas y los privilegios de niño y se entra en un mundo desconocido, lleno de cambios, muchos de ellos desagradables y el jovencito no entiende que son cambios temporales. De acuerdo a cómo maneje esos cambios, puede que se presente esta condición”, comenta.

Esto los puede afectar socialmente. En muchas ocasiones se privan de asistir a pijamadas o campamentos por miedo a que le ocurra uno de estos episodios, así terminan aislándose y perdiendo encuentros con los amigos. Eso los hace sentirse diferentes o estar angustiados por el miedo a tener un accidente en cualquier momento.

“También se puede hacer uso de ropita interior reforzada o pañales, pero es algo que hace sentir al niño en desventaja o vulnerable, pues se nota aún con la ropa encima y puede ser objeto de burla. Eso afecta los vínculos con los amiguitos, ya que casi ningún niño se atreve a confesar esta situación”, dice.

Acciones
Si después de una visita al pediatra se descarta que no existen razones fisiológicas u orgánicas para que esté ocurriendo la enuresis, hay que buscar ayuda psicológica, para permitir al niño que exprese sus sentimientos. “Para esto ayudan muchísimo los dibujos, pues si se ve trazos muy fuertes y pesados, colores muy oscuros y el dibujo es llamativo, quiere decir que el niño está atravesando una situación de preocupación que se debe resolver”.

“Existen también muchas técnicas conductuales para manejar el problema, se puede evitar que tome líquidos después de las 4 de la tarde, que haga pipí antes de dormir y hasta poner el despertador a las 3 de la mañana para sentarlo en la poceta, pero todas estas medidas son pañitos de agua caliente, porque nadie puede vivir así eternamente, por ello hay que buscar forzosamente la causa”, sostiene Trezza.

“Si el problema que afecta al niño está en la casa, hay que abrirse a buscar ayuda, pues todos en la familia la necesitan y atendiéndose como núcleo familiar pueden salir adelante juntos. Por eso insisto en que es muy conveniente tener un psicólogo a quién acudir, así como se cuenta con un pediatra, porque así se puede llevar un trabajo en familia para detectar las cosas que afectan al niño”.

“Si la situación se perpetúa en el tiempo, quizá de tres a seis meses, hay que buscar ayuda para entender lo que está pasando. Con una evaluación psicológica al niño se puede determinar qué es lo que está sucediendo y cómo están sus relaciones con sus padres, hermanos, maestros y amigos para encontrar una respuesta y darle las herramientas para eliminar el síntoma”

“Esto no es algo que el niño haga por malcriado o porque quiera fastidiar. Es simplemente una manera de llamar la atención, pero desde lo negativo, para alertar acerca de que algo está pasando con él. Por ello hay que buscar rápido la solución y no acostumbrarse a ello. Muchos padres deciden que le ponen un plástico al colchón y que el niño cambie su sábana, esa no debe ser la actitud, porque si no se detecta el miedo el niño va a seguir sin paz en su mundo interno”, concluye Trezza.