CONTROL DE ESFÍNTERES

¡A dejar ese pañal!
Con un poco de paciencia, dedicación y firmeza, se puede lograr que en unos veinte días, los niños entre dos y cuatro años dejen de usar el pañal. Las técnicas de reforzamiento positivo y el trabajo en equipo entre maestras y padres, pueden ser la clave del éxito

Todos los adultos van al baño por su cuenta como algo que aprendieron en la infancia, de lo cual ya ni se acuerdan. Unos lo aprendieron más fácilmente que otros, pero, a no ser por alguna condición médica, la mayoría de las personas no utilizan un pañal para sus actividades cotidianas.

Esto es algo que puede llenar de ánimo a las preocupadas madres que enfrentan el reto de “quitarle” el pañal a su hijo. Carolina Quintero, docente de preescolar, explica que “lo ideal es que se asuma como un proceso natural, sin ser tan estrictos, con castigos o amenazas, porque así se hace todo más complicado. Éste no debe ser un proceso autoritario, porque si no, el niño se aterra ante el tema y no avanza”.

Cuando un niño entre los dos y cuatro años se mantiene seco durante varias horas, es capaz de seguir instrucciones simples, puede subir y bajar sus propios pantalones, avisa cuando se ha hecho pipí o pupú en su pañal y se muestra interesado por los hábitos de los adultos en el baño, quiere decir que tiene la capacidad física, intelectual y verbal para iniciar el proceso y comenzar a usar su ropita interior de tela.

En equipo
La docente indica que “la edad ideal para dejar el pañal es entre los dos años y medio y los tres años y medio, en la etapa de guardería y deben estar listos antes de entrar al preescolar. Muchas maestras cuidadoras ayudan con esto, motivándolos y reforzándoles sus logros. Además es una etapa común entre los compañeritos de aula, así que puede dar mejores resultados de esta manera”.

“Lo importante es que en casa se continúe el trabajo, pues si el niño pide ir al baño y le dicen que use el pañal pues están ocupados, ocurre un retroceso que complica ese aprendizaje”, destaca.

Pauta individual
Una de las mayores inquietudes relacionadas con este entrenamiento, es la del tiempo que tomará para ver los resultados. “No hay un tiempo establecido para este aprendizaje, cada niño marca su pauta. En general puede llevar entre quince días y mes y medio en lograrse el objetivo, pero éste proceso se debe realizar sin interrupciones, porque si no, no se verán los avances”, dice la experta.

“Ahora, si después de dos meses no avanza en el proceso de dejar el pañal, será necesario buscar ayuda, principalmente con la maestra, pero por lo general, sólo es cuestión de darse cuenta de cuáles son sus capacidades, porque ellos son los que ponen la pauta, ellos solitos deciden cómo hacerlo. Los niños de hoy entienden rápido y buscan solos la solución de sus problemas”, agrega.

“Afortunadamente el pañal ha evolucionado tanto que facilita el proceso, con las tiras reusables o los que funcionan como una ropita interior. Cuando ya tienen la edad, se les pide que avisen si sienten ganas de hacer pipí y se sientan el la pocetica unos minutitos para dejar que lo intenten, así ellos pueden descubrir lo que se siente y avisar antes. Lo importante es dejar que decidan si se quieren acercar a la poceta y quitarse solos el pañal, y si piden ayuda, dársela, sin hablar mucho, sólo atendiendo a sus peticiones”, explica.

Estímulos
“No se les debe decir que si se hacen pipí serán castigados, pero tampoco darles un premio a medida que vayan avanzando, porque el día que se acaben los premios, van a orinarse de nuevo encima. Cuando empiezan a controlar sus esfínteres, se les puede hacer un refuerzo positivo con palabras y cariño, sólo después de unos tres días recurrentes darles algún premio, pero hay que dejarles claro que es algo único y que eso no va a ser una rutina”.

Quintero resalta que es muy importante observar la higiene durante el proceso, lo cual es más sencillo en los varones. “Cuando logran ir solitos es importante ayudar a las niñas con la limpieza para que aprendan la manera correcta de realizarla y después de un tiempo, solamente supervisarlas. También debe insistirse en la importancia del aseo posterior de sus manos”.

Distracciones
Los accidentes son muy frecuentes al principio y ocasionan mucho estrés entre la madre y el niño, hay que entender que es normal que ocurra y decirle al niño que debe estar pendiente cuando sienta las ganas de orinar, porque puede que esté jugando o viendo televisión y sienta las ganas, pero no quiere dejar lo que está haciendo.

“Cuando se hace pipí encima por haber aguantado mucho tiempo, hay que hablarles con calma, decirles que los accidentes pasan, pero que debe ir rapidito al baño la próxima vez, apenas sienta ganas, aunque el parque, la televisión o el juego estén muy interesantes, que los interrumpa apenas un momentico, porque después los puede retomar”, señala la docente.

“Ellos se estresan mucho cuando se orinan encima, sienten vergüenza, sobre todo ante sus compañeritos, aunque ellos están todos en la misma posición, por lo que es muy difícil que se lleguen a burlar de algún niño por esa causa”, sostiene.

En la cama
Otra inquietud asociada a este tema es la de la cama mojada durante la noche. Se trata de un proceso que acompaña al control de esfínteres durante el día, pero que no está ligado, pues se trata de niños que duermen muy profundamente y forman mucha orina, la cual no puede ser contenida por la vejiga. Es un proceso más lento que requiere de madurez y de bastante calma por parte de los progenitores.
“Cuando están durmiendo, lo que se recomienda es que no beban líquidos hasta una determinada hora y procurar llevarlos a orinar antes de dormir. Algunos niños lo pueden controlar más rápido que otros, pero es un período en el que no están concientes”, resalta Quintero.

“Las madres pueden estar pendientes si sienten algún movimiento en la cama para llevarlos rápidamente al baño y a medida que van creciendo, insistirles en que si se despiertan con ganas de orinar, llamen a sus padres, porque muchas veces el problema es que le tienen miedo a la oscuridad, así los pueden acompañar al baño o dejarles una lamparita, pero siempre deben hablarlo antes, para que ellos sepan lo que deben hacer”.

Socialización
Otro factor de influencia en los buenos resultados del proceso de control de esfínteres es el de la socialización del niño. La docente destaca que muchos padres sobreprotegen a sus hijos y temen dejarlos en una guardería e igualmente se niegan a presionarlos para que dejen el pañal, aún cuando el niño da señales de estar listo para ello, lo cual les dificulta posteriormente la adaptación en su escolaridad.

“Por eso es muy importante que el niño asista a la guardería, para dejarlo crecer, darle seguridad y permitirle que se desarrolle, porque si no, llega al colegio y se encuentra con niños entrenados, con experiencia social y le cuesta adaptarse. Para estos niños es más complicado dejar el pañal, pues vienen sobreprotegidos en muchas ocasiones. En estos casos hasta se requiere manejar la atención con un psicólogo en familia”.

Otros casos en los que la ayuda especializada es necesaria es cuando se presentan conflictos que causen estrés al niño y le impidan asumir su entrenamiento con naturalidad. Si el problema no se puede manejar en casa, debe recurrirse a la ayuda de un psicólogo infantil, el cual puede aportar las pautas para lograr los resultados en cuanto al control de esfínteres y el manejo de la situación de estrés.

“Como ellos evolucionan tan rápido actualmente, hay que estar alerta ante sus avances y disfrutarlos al máximo, porque si te descuidas se te pasa el tiempo, todos van a una velocidad impresionante”, concluye la docente.

ADEMÁS:
De ayuda
Algunos objetos pueden ayudar con la independencia de los pequeños en el proceso de dejar el pañal:
Pocetas de entrenamiento. Son una evolución de la bacinilla y poseen diseños atractivos, en ocasiones con sonidos, que permiten al pequeño practicar el uso de la poceta, sin tener que sentarse en el temido trono.
Aritos reductores. A los que no le temen tanto a la poceta del baño, se les puede ofrecer una tapa reductora, en bonitos colores o estampados, para que se sienten con más comodidad y seguridad.
Escaloncito. Ayuda a darle apoyo a las piernas y permitirles sentarse en la poceta con más confianza e independencia.
Pañales de entrenamiento. Son fáciles de quitar o poner y ofrecen la absorción necesaria para los pequeños accidentes. Se recomiendan para la primera etapa del entrenamiento y cuando ya se comiencen a ver los avances, reemplazarlos por ropa interior reforzada, la cual no ofrece la misma capacidad de absorción, pero retiene algo, y al sentirse mojados preferirán cambiarse rápidamente.
Muñecos. Otro recurso de entrenamiento es el de los muñecos que hacen pipí, los cuales se pueden ofrecer a los pequeños para pedirles que le “enseñen” a su juguete cómo ir al baño solito.
Libros. Existe una buena cantidad de literatura que puede reforzar el proceso de aprendizaje.
Protectores de colchón. Es recomendable colocar protectores impermeables al colchón hasta que aprendan a controlar la orina mientras duermen.