AUTOMONITOREO DE LA GLUCEMIA CAPILAR

Diabetes controlada
Al menos cuatro veces a la semana, se debe hacer un chequeo para garantizar estabilidad en las personas que dependen de la insulina

La alimentación, la actividad física y el medicamento adecuado se han conformado en pilares fundamentales para el manejo de la diabetes. Sin embargo, recientemente se ha agregado al cuadro, un cuarto factor que puede influir en la eficacia de los anteriores, se trata del automonitoreo de la glucemia.

El médico intensivista y diabetólogo, Aurelio Lopresti Gentile, explica que “el diabético tipo I normalmente requiere dosis múltiples de insulina, pero para poder evaluar si la dosis que se le está suministrando es acorde con la ingesta alimentaria y con el crecimiento del niño, hay que estar midiendo constantemente los niveles de glicemia y esto se hace con un automonitoreo”.

Lopresti, quien también es docente en la Universidad de Los Andes, indica que esta medición “consiste en determinar el comportamiento de la glucosa en sangre durante el día, al levantarse o antes de la comida (glucemia basal) y después de la ingesta de alimentos (glucemia postpandrial), para evaluar mediante sus variaciones si está lográndose un adecuado control de la diabetes”.

Esas mediciones se pueden hacer a través de exámenes clásicos de laboratorio y del uso de pequeños aparaticos, llamados glucómetros, fáciles de manejar por el paciente, aún siendo un niño. “El buen manejo de esta herramienta, para hacer un seguimiento eficiente en la condición del niño, va a ser la clave para que viva más años y con mejor calidad, a pesar de su condición”, sostiene.

Cambio de visión
“Generalmente el control de este desorden metabólico se ha centrado en la denominada Hemoglobina Glicosada, es decir, la medida de la glucosa en sangre durante los últimos 2 ó 3 meses, cuyo valor debe estar por debajo de 7%. Un paciente que tenga un punto menos de la Hemoglobina Glicosada tiene aproximadamente 21% menos de riesgo de morir por un evento cardiovascular, no obstante para lograr ese número mágico es necesario un nivel adecuado de ambas mediciones de glucemias (la basal y la postpandrial) y la única forma de lograrlo es mediante el chequeo en tiempo real, de allí la importancia del automonitoreo que debe realizar el paciente” aclaró Lopresti.

Los glucómetros sirven para medir la glucosa a través de una pequeña gota de sangre del dedo, y sus resultados permiten el autoanálisis en personas diabéticas, las cuales pueden corregir casi de inmediato las descompensaciones, ya sea con ajustes en la dieta, con ejercicio o en la medicación. Esto permite a la propia persona tener el control de su condición y es fundamental para que la medicación pueda tener eficacia.

“De nada vale que el paciente se tome sus medicamentos o cumpla su régimen nutricional, pues si hay una diferencia importante entre la glucemia en ayuna y la postpandrial los riesgos de esta persona van a ser tan altos como los que no están en terapia. Al estar controlados, se disminuyen las complicaciones de la diabetes a largo plazo, especialmente las de carácter cerebrovascular”, agregó.

El diabetólogo recomienda realizar el autoanálisis, al menos, 4 veces a la semana y en diferentes momentos, para poder obtener registros de antes y después de la comida, luego del ejercicio o del tratamiento farmacológico. Existen glucómetros de fácil uso para ello y se recomienda también revisar constantemente los pies y evaluar los ojos y los riñones para prevenir complicaciones.

Otra historia
El automonitoreo es requerido para niños con la enfermedad en el tipo I, cuando la enfermedad aparece más tarde, se denomina diabetes tipo II en el adolescente. Este tipo de paciente no necesita automonitoreo, pues su condición está relacionada con la obesidad y los desórdenes alimentarios que se ven hoy en día y al síndrome metabólico.

En Venezuela, podría decirse que hay una epidemia de obesidad en la población y eso puede llevar a la diabetes como consecuencia. Sin embargo, no hay estadísticas reales para sustentar este planteamiento. Aún así, el galeno asegura que existe una incidencia muchísimo más alta en la población infantil de diabetes tipo II, que de la tipo I.

Quiere decir, que no se requiere de un glucómetro para los niños y jóvenes con obesidad o una diabetes tipo II, pero sí un programa de control que comprenda una buena alimentación y ejercicios.